Por qué unos sí y otros no

La pregunta tiene su cosa. Piénselo.  ¿Por qué nos identificamos más con unos colores, con unos valores, con una manera de sentir e interpretar la realidad aunque sabemos que no es la mejor?

¿Por qué, ((y esto es opinable of course)), nos identificamos más con lo siniestro que con lo bello? A mí por ejemplo, siempre me ha llamado más la atención el Almodóvar experimental de los principios, el de Pero qué he hecho yo… y me aburre más el de ahora, mucho más grandilocuente y perfeccionista, pero al que se le ven las costuras y los flecos. ¿Por qué un segundón como Ernest Borgnine con los ojos cerrados y apareciendo dos veces en una película, te emociona más que Eduardo Noriega como protagonista principal?

O por ejemplo, a mí, que no he estudiado arte, me deja pelín indiferente un gran artista como Sorolla, reconociendo su trabajada paleta y finura, pero me fascina la sencillez de Rothko o Modigliani.

Y así llego al deporte, al fútbol. ¿Por qué voy a preferir siempre a Hierro antes que a Pepe si son los dos buenos, se colocan bien, cortan perfecto y van bien de cabeza?; ¿Por qué jugadores de basket como el gran Felipe Reyes, (no hablemos de Sabonis, hoy luchando a tope su partido más importante) pasará a la historia de este deporte, y Fran Vázquez, midiendo casi lo mismo y siendo también grande, quedará como uno más? Dicho esto con todos mis respetos.

Ojo, que no hablo de más o menos habilidad, ni de añoranza de los viejos tiempos, ni de amor a unos colores. Hablo de identificarse con algo que tiene que ver con lo feo, lo imperfecto más que lo bello. La atracción por el pasillo en penumbra más que por el hall iluminado.

Acaba explicando un experto en neurociencia como Gazzaniga, en una fantástica entrevista que te recomiendo, que el hombre es el único animal artístico y que la ficcíon nos prepara para lo inesperado, para afrontar una situación nueva y esto nos excita. Asegura que el arte nos brinda la capacidad metafórica, no tanto la lógica por lo que la fascinación se impone a la razón. Es decir, viene a decirme el profesor, que quizás mi lista de favoritos (los Borgnines, los Reyes, los Bradburys) es la que es, no porque sean los mejores, sino porque son los que me acercan a estereotipos de ficción, más argumentales, más abstractos y más imperfectos, y en definitiva los que emocionan. Interesante esto de la neurociencia y las emociones que desde luego que habrá que seguir. Si tienes ocasión y finalmente viene, no te pierdas a M. Gazzaniga en el Encuentro Internacional que ACOP está preparando para junio de 2012.

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