¿De qué están hechos los fueras de serie?

Mayo es un mes de parciales, junio de finales y septiembre de reválidas. Acaba el primer semestre del año y con él llegan las prisas y los nervios por un posible match point en contra. Es ahora cuando conviene hacer resúmenes y subrayados a las ideas clave para rectificar y salvar la bola de partido.

A continuación 7 ideas que no conviene olvidar para entender los factores de lo que llamamos éxito[1] y sobre todo, para incrementar las posibilidades exponenciales de ganar la final, por gentileza del sociólogo canadiense Malcom Gladwell.

1.      No sobredimensionar el valor de las “profecías que se autocumplen”. No es nada nuevo, todo lo contrario, son muy comunes en la historia de cualquier deporte. Sin embargo, siguen funcionando. “El fútbol es un deporte en que juegan 22 jugadores, y al final siempre gana Alemania”. La cuestión aquí, destaca Gladwell citando a otro sociólogo Robert Merton, es que “esta engañosa validez de la profecía autocumplida perpetúa el imperio del error, ya que el profeta esgrimirá el curso real de los acontecimientos como prueba de que él tenía razón desde el principio”. El autor pone de ejemplos los casos de hockey en Canadá o de baloncesto en Estados Unidos. No es que des una patada y aparezca una estrella, es que solo se construyen canchas y solo hay ganas de jugar: accesibilidad y omnipresencia

 2.      El año de nacimiento y el éxito en el deporte son variables que correlacionan. El hecho de nacer en un contexto histórico, político, social, o económico (téngase especialmente ahora en cuenta este aspecto) determina buena parte de las posibilidades y oportunidades de llegar a la meta. Puede sonar feo pero, destaca el autor, que en muchas ocasiones estas estrellas, más allá del talento (que desde luego tienen) han podido tener un “arranque, una oportunidad que no hicieron nada por merecerse, que no se ganaron. Y aquella oportunidad desempeñó un papel crítico en su éxito”. Es lo que se conoce como efecto Mateo[2] o en términos menos religiosos, ventaja acumulativa. Son los deportistas exitosos los que tienen más posibilidades de recibir el tipo de oportunidad que conduce al éxito. Esta ecuación no significa que uno será un fuera de serie sino que tendrá una mejor y mayor predisposición a conseguirlo.

3.      El éxito no es solo mérito individual. No es ir contra el relato clásico del esfuerzo, del sueño americano, la constancia o la fábula de la cigarra y la hormiga, sino más bien de poner el acento. Explica el autor que si el éxito dependiera solo de uno mismo habría mayor ratio de deportistas de elite. Y no la hay. De hecho, muy en la línea con el punto anterior, Gladwell destaca que es el entorno, el “mundo en que crecemos y las reglas que rigen la sociedad” las que suman y mucho en el resultado final. Así pues a la pasión, al talento y al esfuerzo, sumemos la variable entorno.

 4.      Los fragmentos del genio o la teoría de las 10000 horas. Es la historia de ese director de cine que a medida que cumple años y bobinas va puliendo su narrativa y su técnica hasta conseguir un Óscar o un Goya. Al principio no valía mucho pero a base de entrenamiento, de ensayo-error, va dando con la fórmula. El autor pone el ejemplo del compositor Wolfgang A. Mozart, un genio sin peros que a pesar de sus grandes composiciones y su talento, no compone su primera obra maestra (el nº 9, K. 271) hasta los 21… es decir, cuando llevaba 10 años componiendo conciertos. Si lo quieren aplicar al deporte, tomen como ejemplo el caso del maestro del ajedrez, Bobby Fischer, a quien le costó 9 años, o si prefieren 10000 horas, llegar al nivel de elite. La práctica no es lo que uno hace cuando es bueno. Es lo que uno hace para volverse bueno. (Nota: volver a leer el punto 2 y subrayar la negrita del 3)

 5.      El coeficiente de inteligencia (CI) es revelador pero no discrimina entre iguales. O lo que es lo mismo, la relación entre el éxito y el CI funciona solo hasta cierto punto. Como dice el autor con el ejemplo del baloncesto, es bueno medir 1.85cm, o 1.95cm o incluso 2.05, pero “a partir de cierto valor, la estatura deja de importar tanto”. Un alero de 2m no es por eso mejor que otro que mide 1.98cm o que otro que mide 2.02cm. “Un jugador de baloncesto sólo tiene que ser suficientemente alto y lo mismo vale para la inteligencia. La inteligencia tiene su valor umbral”

 6.      O si se quiere, la importancia de entender el concepto de inteligencia práctica. Tal y como subraya el psicólogo Robert Sternberg entender este concepto incluye cosas como “saber qué decir a quién, saber cuándo decirlo y saber cómo decirlo para lograr el máximo efecto”. Es el know how, el tipo de conocimiento que ayuda a leer situaciones correctamente y a conseguir lo que uno quiere. Y sí, en efecto, es lo que estás pensando. Uno puede tener un elevado CI y una pobre inteligencia práctica, de la misma manera que uno puede tener una serie de capacidades técnicas limitadas y ser capaz de saltar 7.06cm en Sevilla, como nos contaba Niurka Montalvo hace unos meses. Y ya termino, ¿de dónde procede este saber? Pues apuntan los estudios que obtenemos esta clase de aptitudes y habilidades del entorno familiar. Interesante, verdad. (Nota, repasar el punto 2 y 5)

 7.      Todo lo que no se mide, no cuenta, no existe. Y por lo tanto no se podrá mejorar. Está bien, este apunte no lo subraya el sociólogo Gladwell sino el psicólogo del Centro de Alto Rendimiento Pep Marí con quien hemos tenido la oportunidad de coincidir estos días en Barcelona, pero es igualmente oportuno y válido. La ciencia, el rigor, los métodos y sistemas de medición en torno a la capacidad de respuesta del deportista y sus necesidades, aproximan a los profesionales que giran alrededor del deporte a la excelencia. La comunicación solo es un aspecto más, pero tiene un peso fundamental. Si realmente estás interesado te invito a estar atento a TVE, en breve sabrás por qué. (Nota, volver al punto 1)


[1] Cito en cursiva las referencias sacadas de su libro  Outliners. The Story of Success, Estados Unidos, 2011.

[2] Según el versículo del Nuevo Testamento según San Mateo: “Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”

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