3 aprendizajes deportivos que el 2014 heredará del 2013

Ciao Bartali, au revoire Amstrong

Este próximo año 2014 se cumplen, entre otras efemérides, 100 años del nacimiento de uno de los grandes ciclistas, el italiano Gino Bartali. Ganador de 3 Giros de Italia y 2 Tour de Francia en la década que va de 1948 a 1958… y de un buen puñado de victorias y etapas, este ciclista ya ha trascendido el deporte con su relato. Y es que este 2014 merece un homenaje a Bartali. Ya en 2013 se le concedió la distinción Justo entre las Naciones, por su discurso no solo encima de la bicicleta, sino también por su dimensión pública. No en vano, este italiano escondió durante años en los tubos de su bicicleta fotos y papeles para fabricar documentos falsos y ayudar a salvar a los judíos perseguidos por Hitler y países colaboradores. Lo recoge bien el libro “El camino del valor. Gino Bartali, héroe silencioso”.

Sin duda, un ejemplo de cómo proyectar la dimensión pública y reconocimiento internacional hacia algo más que uno mismo. Y sin duda, una buena manera de dejar atrás un año agitado para el pelotón actual con el caso Amstrong y su reguero de confesiones. Una figura, la del texano, como también la del italiano, con una historia de superación, entrega a favor de un causa como es el cáncer (muchos aún llevan la pulsera de la Fundación Livestrong en la muñeca) y galardones (recuérdese su distinción con el Premio Príncipe de Asturias del Deporte en 2000)… que un buen día pierde por méritos propios su aura de ganador para acabar “cayendo” de la bicicleta. Un año después de su entrevista con la periodista Oprah Winfrey en aquel enero de 2013, uno se pregunta si a través del perdón, su discurso público y un expreso arrepentimiento podría haber cortado la hemorragia y resentimiento de todos sus fans, compañeros, medios de comunicación y patrocinadores.

Lo que pesa un Asturias

A propósito de una distinción como es el Premio Príncipe de Asturias del Deporte, este 2013 que agoniza nos deja uno de los momentos más emocionantes y humanos que una ceremonia institucional puede proporcionar. La entrega al golfista vasco José María Olazabal de una de las máximas distinciones y reconocimientos internacionales, el Premio Príncipe de Asturias del Deporte, por su capitanía del equipo europeo en la Ryder Cup ganada en Medinah en 2012. Palabras y gestos, como el de utilizar el diploma a modo de swing y señalar con el dedo índice hacia el cielo en memoria de su compañero Severiano Ballesteros, que sirvieron no solo para abrir informativos, sino también para emocionar a una sociedad necesitada de referentes e ilusiones. Un buen ejemplo de cómo acercar al público a un deporte minoritario a través de gestos, guiños y emociones.

Por cierto, hablando de palabras y también de anteriores Premios Príncipe de Asturias, un momento mágico de 2013 también fue el de la gran atleta rusa Yelena Isinbayeva, oro en pértiga en los últimos Campeonatos Mundiales de Moscú 2013 y una de las mejores atletas de la historia, que antes de anunciar su dorada retirada, abrió una peligrosa caja de pandora con sus declaraciones homófobas en favor de la ley rusa contra la propaganda homosexual. Las consecuencias no se hicieron esperar desde plataformas digitales y organismos internacionales que solicitaron la retirada del Premio a la atleta rusa. Isinbayeva ha tratado de aclarar en varias ocasiones su mensaje de aquellos días, pero lo cierto es que no ha hecho sino irritar aún más a buena parte de la opinión pública. Moraleja: por qué no evaluar los efectos de nuestras palabras, por qué no estudiar antes el alcance de las palabras. Evitaremos malos entendidos y aprovecharemos cada altavoz que tengamos, máxime si estamos a punto de retirarnos y de ser considerada toda una leyenda.

¿Puede ser Mireia Belmonte el flamante Premio Príncipe de Asturias del Deporte 2014? Hagan apuestas.

JJOO, Mundial de fútbol y de baloncesto. El peligro de que no se hable de deporte.

Es una pena que tras años de trabajo desde que los países y ciudades son designados para acoger una competición internacional, sea Olímpica, un Europeo, o un Campeonato Mundial, en los últimos meses vayan perdiendo fuerza en el mensaje central de la competición, lo que aúna a los mejores deportistas en busca de la gloria, en pos de otros mensajes negativos. El peligro no viene por la posibilidad de que no se celebren, inimaginable, imposible diría, sino más bien por la sensación de que tú como organizador no estás proyectando los valores, los atributos y las fortalezas que un día brillaron en el papel. No es solo cuestión de logo y claim, sino de planificación de acciones y mensajes para llegar a la última curva con opciones de llevarte la victoria. Y para eso importa tanto lo que se dice desde dentro del país anfitrión, como desde fuera (ya estamos viendo el esfuerzo de determinados medios por acentuar las deficiencias de algunos estadios donde se va a celebrar el Mundial de Brasil).

Quizás esto puede estar pasando con dos sedes y dos citas como son los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi (del 7 al 23 de febrero) y la Copa Mundial de fútbol de Brasil (del 12 de junio al 13 de julio). Y es que tanto circunstancias sociales como los derechos humanos, las libertades, la censura (repasar capítulo anterior de Isinbayeva), como económicas con los problemas con los tiempos y las infraestructuras de las sedes, o la pobreza en sus numerosos estallidos (antisistemas incluido), son variables que se han de tener en cuenta para que una cita como cualquiera de las comentadas sean un éxito. No solo importa lo que sucede en el campo o en la cancha sino todo el trabajo para cuidar a los diferentes actores que protagonizan la obra esos días, los deportistas, los medios de comunicación, los aficionados, etc. Desoír las voces y apostarlo todo a la medalla, al resultado, puede que no sirva para que se hable bien, ni se recuerde el valor de estas citas. Y más allá del retorno económico para estos países, cada vez hay más estudios que analizan también el retorno intangible (posicionamiento, marca país). Y si no lo creen, basta con echar un vistazo al legado de Nelson Mandela, fallecido recientemente, y su apuesta por utilizar el deporte como herramienta de gestión para reconstruir un país a través del Mundial de Rugby 1995. Aquí un pequeño ejemplo de cómo empezar a ganar un partido que estaba perdido porque a nadie interesaba.

Por cierto, mucha suerte también para el Mundial de Baloncesto que se disputa en España. Es la primera vez, hay nervios, el baloncesto no es el primer deporte en este país y los aficionados por lo que se puede ver en los pabellones parecen estar quedándose en casa en esta última temporada. Son sin lugar a dudas amenazas pero también hay oportunidades (emociones a raudales para poner el broche final a una Generación de oro). Suerte y todo el ánimo.

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