Confesiones de un “periodista deportivo”

Hoy, 23 de abril, quiero celebrar el día de Sant Jordi sugiriendo una lectura de ficción, pero con gran proyección sobre el terreno deportivo. Concretamente te regalo varios pasajes que aparecen en el libro “El periodista deportivo”, escrito por uno de los autores más prometedores de la literatura norteamericana, Richard Ford.

Llama la atención, en esta su segunda novela, la visión crítica respecto a los periodistas y también cercana del oficio de escritor de historias en torno a los deportistas, no en balde trabajó para el New York Magazine Inside SportsEl periodista deportivo fue nombrada por la revista TIME como una de las cinco mejores novelas de 1986 y fue finalista del premio de ficción PEN/Faulkner.

¿Por qué la recomendamos en Comunicar es Ganar en este día de Sant Jordi? A continuación, algunos extractos que iluminan un relato y un oficio, el periodista deportivo.

“Si eres de este país, seguro que ya sabes todo lo que se necesita para ser un buen periodista deportivo. Lo más importante es tener la buena voluntad de observar algo que se repita una y otra vez y luego ser capaz de escribirlo en dos días. Además, (…) tienes que pensar que escribes sobre gente que hace lo que le gusta y que si no le gustará, no lo haría. En esto, (…) se resume el periodismo deportivo, y es también la clave para superar la irrelevancia del propio deporte.

Ahora estaría bien decir algo sobre los deportistas. Siempre los he admirado, pero nunca he sentido la necesidad de ser uno de ellos, ni les he tomado del todo en serio. Me parecen tan auténticos y tan conscientes de sí mismos como los antiguos griegos, aunque tienen mucha más esperanza en sus empresas.

En general, a los deportistas les encanta dejar que sus actos hablen por ellos, y están contentos de ser lo que hacen. Por eso, cuando hablas con ellos (como yo hago constantemente en vestuarios, cafeterías de hoteles y pasillos, o de pie junto a lujosos coches), aunque no te presten mucha atención, como suele ocurrir, nunca expresan contradicciones, ni muestran una pizca de miedo existencial (…). Pero me juego la cabeza a que no se preocupan lo más mínimo por ti o por lo que tú estés pensando. Es un raro egoísmo. Ellos no analizan sus emociones ni tienen dudas cuando están en su mejor forma física. De hecho, los deportistas, cuando están en su mejor física, logran que su naturaleza prosaica parezca un misterio por el simple hecho de estar totalmente absortos en lo que hacen.

Los años de entrenamiento deportivo enseñan eso; la necesidad de renunciar a la duda, la ambigüedad y el autoanalisis en favor de una agradable y una dimensional autosuperación que obtiene su inmediata recompensa en los deportes. Con los deportistas, puedes estropearlo todo si les hablas en tu tono normal, un tono seguramente lleno de contenido y especulación. Les asustaría mortalmente, les demostraría que el mundo- un lugar donde a menudo no se desenvuelven muy bien e incluso caen en depresiones, líos financieros o cosas peores cuando se termina su carrera-, es más complejo de lo que les ha enseñado su entrenamiento. Por eso prefieren escuchar su propio tono de voz, sus preguntas o la charla de sus compañeros de equipo, aunque sea en español. Y si eres un deportista deportivo, tienes que adaptarte a su tono de voz, a sus respuestas: “¿cómo vas a derrotar a este equipo, Stu” La respuesta puede ser sincera: “Vamos a salir a jugar a nuestra manera, Frank, porque así hemos llegado a donde estamos”, pero será su verdad, la más simple, no tu compleja verdad, a menos que estés de acuerdo con ellos, cosa que a mí me ocurre a menudo. Los deportistas no son siempre tan imbéciles como los pintan y muchas veces hablan inteligentemente sobre sus intereses, sean cuales sean, hasta los oídos se te endurecen y se te vuelven de hormigón armado.

Quisiera decir algo más sobre los deportistas: puedes llegar a conocerlos demasiado, incluso a aborrecerlos, como puede suceder con cualquiera. Cuanto más de cerca miras a la gente, más iguales y reales te parecen, y menos te sorprenden. Y por eso, a veces cuento todo lo que sé, y me juego lo que quieren a que los chicos de mi oficio se equivocan con esas entrevistas tan profundas.

Mi oficio de periodista deportivo y el hecho de que casi nadie me conozca tienen la ventaja de que puedo empezar de nuevo cada día, me dan la oportunidad de ser positivo, de darle una palmada en la espalda a un desconocido, de reconocer el valor y la capacidad de mejorar, de enfrentarme a la batalla de un modo directo y cínico y ganar.

Siempre me implico demasiado con las cosas como para prestar atención de verdad. (…) He descubierto que si precipitas la entrevista, das una imagen tan distorsionada del personaje que luego no puede reconocerse en la letra impresa: es el primer síntoma de un artículo mal escrito.

Las entrevistas van mucho mejor cuando los deportistas se sienten seguros respecto al mundo y están dispuestos a hablar de ello (…). La gente malinterpretada a los periodistas deportivos. Como eres tú el que los entrevista, piensan que les utilizas para confirmar lo que ya sabe todo el mundo. Pero en lo que a mi respecta es totalmente falso. (…) Uno no puede enfrentarse a estas cosas pensando que lo sabe todo de antemano. Esa debería ser la regla de oro del periodismo: no perder nunca de vista la vida, ni siquiera la vida que uno cree conocer, la vida de los deportistas.

A veces cuando la gente se da cuenta de que los periodistas deportivos son hombres o mujeres como los demás, se enfadan. Mucha gente espera que los demás sean mejores que ellos. Pero en esas circunstancias es imposible escribir un artículo o hacer esfuerzos de ninguna clase.

Tienes que procurar hacer preguntas simples y acordarte de plantear siempre las mismas, una y otra vez, a veces utilizando diferentes palabras. La mayoría de los deportistas se mueren de ganas de contarte toda la verdad. Sólo tienes que quitarte de en medio. Por eso muchos periodistas deportivos se vuelven condenadamente cínicos. Su papel es mucho más nimio de lo que ellos creían y se amargan, porque lo único que han hecho es aprender a ser buenos en su trabajo”.

 

Fuente : *Extracto de El periodista deportivo, de Richard Ford, Anagrama, 2010 – The Sportswriter.

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